jueves, octubre 27, 2011

Una experta tejedora: la araña de jardín (Araneus diadematus)

Nombre: Araña de la cruz, araña de jardín
Especie: Araneus diadematus
Familia: Araneidae
Orden: Aranei
Clase: Arachnida
Filo: Arthropoda



Vas paseando por el campo, por un camino entre matorrales poco utilizado y de repente te enredas. Los hilos de la telaraña se te quedan pegados a la altura del pecho o la cabeza. Es probable que la responsable sea una de las arañas más comunes en la península Ibérica, la araña de jardín o de la cruz (Araneus diadematus).


Esta araña, ampliamente conocida, alcanza un tamaño de unos 2 cm en las hembras, mucho menor en los machos que no pasan de los 10 mm. Es fácil de distinguir por el dibujo sobre el dorso de su abdomen: una cruz formada por cinco manchas blancas, cuatro de ellas alargadas y una redondeada en el centro de las anteriores, adeás de otras marcas blancas posteriores. Sin embargo puede ser confundida con especies próximas (A. quadratus, A. marmoreus, A. pallidus). En la araña de jardín, el abdomen adopta una forma más triangular, al ser más ancho en su tercio anterior (en las otras especies es más redondeado). Los colores son generalmente pardos, más claros u oscuros, pero pueden variar de amarillos a rojizos o casi negros. El primer par de patas es más largo y los utiliza para tantear el terreno. Por contra, el tercer par de patas está especializado en manejar la seda y moverse por la telaraña sin quedarse pegada.


La familia Araneidae comprende arañas que permanecen en un lugar determinado (22 géneros en la península, 7 especies del género Araneus). Son las hembras las que construyen las clásicas telas circulares y permanecen todo el día en el centro de ellas, cabeza abajo, en espera de que queden atrapadas las presas. Para su elaboración, tienden primero los hilos de amarre (de ocho a diez hebras), los que discurren entre las ramas del matorral o de árboles a baja altura. A continuación crean el marco (hilos de cuatro a ocho hebras) y los radiales (de dos a cuatro hebras). Tiende entre 25 y 30 radiales, con ángulos regulares entre 12 y 15º. Después constuye un entramado provisional, que lo irá desmontando a la vez que crea la espiral de captura. Esta disposición de la tela es un prodigio de ingeniería. Junto con la composición de los hilos (cadenas de proteinas) hacen que la red sea a la vez resistente y flexible para absorber los impactos de la presa y transmitir las señales hacia el lugar donde espera la araña.


Cuando una presa cae en la tela la envuelve en seda completamente antes de devorarla. La telaraña se destruye todas las noches, se la come, y cada mañana vuelven a crear una nueva, en el mismo lugar si este era apropiado. Un trabajo duro. El último que forma es el del capullo donde deposita los huevos después de la reproducción, ya que tras unos días de vigilancia y cuidados, muere. Por eso es frecuente que al final del otoño el tamaño del abdomen sea mayor, lleno de huevos.


El hábitat es el más común que pueda haber: campos, matorrales o árboles bajos, así como parques y jardines, lugares en los que tejer su red a baja altura o incluso a ras de suelo. De ahí que cuando caminamos despistados es frecuente que nos enredemos y no podamos evitar un grito y un movimiento espasmódico de brazos y manos. Vale la pena recordar que es muy raro que nos muerda y aún así, el resultado no es más que un picor desagradable, totalmente inocuo para los seres humanos.


Más información:
- Web del Grupo ibérico de aracnología
- Secuencia fotográfica de alimentación (Asociación Fotográfica Alcalareña)
- Resistencia de los hilos de araña
- Las arañas y sus telas (un completo discurso sobre las propiedades de las telarañas)
- Web de Nick´s Spiders

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