miércoles, octubre 05, 2016

Correteando por la playa

Domingo, 11 de septiembre de 2016.

El verano se va marchando poco a poco pero aún quedan días de playa. Nos acercamos hasta el arenal de Alba (Arteixo) en domingo. Hace sol, pero a media mañana poca gente se ha animado a venir hasta aquí. Y los que están se dedican a pasear.

La marea está subiendo, aún no ha llegado al máximo. En la orilla oeste un grupito de limícolas juguetea con las olas en busca de su alimento cuando éstas se retiran. Cogemos la cámara y nos acercamos. Se dejan querer.

Estas aves costeras están en paso postnupcional. Es decir, viajan desde sus zonas de cría al norte hacia sus cuarteles de invierno en el sur, más allá del Sahara, donde el clima será ahora más benigno. Se dejan ver con su frenética búsqueda de alimento, hoy aquí y mañana allí. Algunos aún con plumaje estival, otros con su librea ya mudada. Estos desplazamiento comenzaron ya en agosto y continúan hasta octubre para la mayoría de estas poblaciones.



Cerca de ellos comenzamos a tirar fotos. Los primeros que se ponen a nuestro alcance son los correlimos tridáctilos (Calidris alba).

Su alimentación se basa en crustáceos, moluscos y anélidos, que buscan en su hábitat de arenales litorales e intermareales. Así es que se mueven al ritmo de las olas, evitando que estas los arrastren. Cuando alguien los molesta, se limitan a volar en dirección al mar para regresar en seguida al mismo sitio o sólo un poco más allá. ¿Una curiosidad? Carecen del dedo posterior en las patas, de ahí su nombre de "tridáctilo" en comparación con otros limícolas.





Dejamos a los correlimos un momento y desviamos nuestra atención hacia una esquina de la playa. Entre las algas de arribazón se mueve algo. Varias aves rebuscan entre los restos de laminarias. Ahí están los vuelvepiedras (Arenaria interpres). Nos miran curiosos y cuando se cansan de nosotros simplemente nos dan la espalda, trepan a unas rocas y desaparecen.

Los vuelvepiedras son aves del norte. Entre mayo y agosto anidan en el extremo norte de su área de distribución (Alaska, Canadá, Groenlandia o Islandia). En las costas gallegas son frecuentes en el paso migratorio (abril-mayo en el primaveral y de agosto a noviembre en el otoñal) e invernada. Puedes verlos en todo litoral, rocoso o arenoso, rebuscando entre las algas o volviendo piedras con su pico corto y cónico en busca de invertebrados como pulgas o crustáceos.




Volvemos la vista a la playa. Allí siguen los correlimos. Pero ahora tienen otros acompañantes. Estos son de un tamaño similar, pero el dorso es de tonos marrones, con una máscara y collar de tonos oscuros y patas anaranjadas. Los chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula)  formar un bando más pequeño que los correlimos, apenas son cinco, pero están a sus anchas.

Los chorlitejos grandes anidan en Europa al norte de Gran Bretaña (Escandinavia, mar del Norte, mar Báltico...) e invernan hacia el sur, hasta el África austral. Pocos son los que pasan el invierno en Galicia, mientras que se ven frecuentemente en el paso postnupcial de julio a septiembre. Estos individuos pueden recorrer hasta 2000 km en poco más de 20 días.





Toca retirada. No queremos molestarlos más. Sólo nos hemos distraído un instante cuando vemos como un ave remonta el vuelo desde la misma orilla y vuela en dirección sur. Tardamos un poco en enfocarlo y reconocer la silueta de un halcón peregrino (Falco peregrinus) que probó fortuna. No podíamos marcharnos sin saludar a otro habitual de la playa, el charrán patinegro (Sterna sandvicensis). Posado entre correlimos o gaviotas puede pasar más o menos desapercibido. Pero no es así durante sus maniobras de picados en el mar, muy cerca de la arena, con poca profundidad. Así que le dedicamos unos minutos de nuestra atención, lo que atrajo a otros paseantes que susurraban y comentaban el espectáculo como si fuera la primera vez que lo veían.




Una mañana de playa que se convirtió en un espectáculo natural.

Todas las fotos...


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