sábado, octubre 24, 2020

Otoño en Baldaio

Hacía bastante tiempo que no nos acercábamos a Baldaio, a pesar de ser uno de nuestros humedales clásicos y cerquita de casa. El domingo 18 de octubre dimos un paseíto, llegando tarde (sobre las 10:00 h) cuando ya algún ornitólogo iba de vuelta, y con la marea alta. Así que sólo pretendíamos ver el grupo de garcetas grandes que habíamos visto en las redes que estaban por allí.

El recorrido fue el clásico y corto. Nada más cruzar las compuertas (ex-compuertas), en la laguna, aprovechando un banco de arena, estaba el grupo grande de gaviotas (patiamarillas y reidoras sobre todo, con alguna oscura) con algunos limícolas y cormoranes grandes. El aspecto es precioso. Un poco más adelante un cormorán moñudo pescaba tranquilo.




Al doblar la esquina del camino que continua por el dique aparecieron cercanos los primeros grupos de limícolas: chorlito gris, aguja, algunos correlimos... pero sobre todo al fondo se dejaban ver las garzas y cormoranes, en un movimiento continuo. Así que hacia allí nos fuimos siempre por el sendero y despacio. Entremedias estaban también los zarapitos reales. Aprovechamos para hacer algunas fotos de la vegetación y de los grupos de verderones que se posaban en los juncos. Antes de llegar al extremo del dique, un ciclista en la orilla de enfrente levantó a las garzas reales y a las garcetas grandes. Justo antes nos dio a tiempo a ver a una de ellas anillada. Por Xabi Varela sabemos que fue marcada en Francia (Lac de Grand-Lieu, en Loira).







No contábamos con lo que nos esperaba de vuelta. Ya de retirada, un martín pescador se detenía sobre unas piedras al borde la laguna. Espantado por unos paseantes, volvía a posarse a unos metros y regresaba. Al acercarnos a la orilla, por sorpresa, un grupo de agujas y correlimos zarapitines vinieron a nuestro lado y nos permitieron grabar un vídeo corto de como se alimentan introduciendo sus picos en la arena.



Por último, un rodeo para acercarnos desde el pie de las dunas al grupo de chorlitos dorados y tirarle también unas fotos a unos chorlitejos grandes camuflados entre las piedras. Baldaio no es lo que era. Por lo menos no como lo recuerdo hace treinta años. Aún así, siempre te sorprende y te aporta unas horas de felicidad y de relajación.


Todas las fotos de esta mañana en este enlace, incluidas las malas y las peores;))




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